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De Tapas.   Bar Stop.
Av. de Rius i Taulet, 56, Sant Cugat del Vallès.(Barcelona)

Bar Stop, el regreso de un clásico de Sant Cugat

Laia Antúnez 05/05/2021
Quien la sigue, la consigue. Eso debió pensar Adrià cuando vio que el mítico Bar Stop de Sant Cugat (Barcelona) cerraba sus puertas por jubilación. Insistió, convenció a los propietarios y ahora el local vuelve a la vida, renovado, pero con la voluntad de mantener su esencia de bar de toda la vida. La nostalgia funciona, pero también su terraza al sol y su carta de tapas y bocadillos, clásicos, pero bien elaborados. Un retorno que ha aplaudido toda la ciudad.

Junto con “Manolo”, “Plaza”, “La Parada” o “Avenida”, el nombre “Stop” ha sido durante años uno de los más habituales en los bares de toda España. En Sant Cugat también tenían su Bar Stop, un negocio familiar abierto en el año 1962, primero como taller mecánico, y que posteriormente se convirtió en uno de los bares más antiguos de la ciudad. Situado en una de sus vías neurálgicas, la avenida de Rius i Taulet, fue durante décadas lugar de peregrinaje para locales y gente de paso. Hasta que, a finales de 2019, cerró sus puertas por jubilación de los propietarios.

Adrià Ponsico, un joven sancugatense dedicado desde hace diez años al sector de la restauración, vio la oportunidad de darle una nueva vida a este establecimiento mítico y no paró hasta que convenció a los propietarios. Primero empezaron las obras para renovar el local, después llegó la pandemia, y, finalmente, el pasado mes de marzo, el Bar Stop volvió a subir la persiana. “En Sant Cugat, la restauración tiende mucho hacia las propuestas más gastronómicas y de nivel, y el bar de toda la vida está desapareciendo. Quería conservar esa esencia, y recuperar este local que forma parte de la ciudad”, nos explica Adrià.

Evocando el pasado

Terraza

Sin duda, su principal reclamo es su enorme terraza que, a pesar de estar pie de carretera, consigue convertirse en un espacio para la distensión. Cuando recogen sus inconfundibles toldos rojos y blancos, el sol incide en ella de manera privilegiada y, por eso, se convierte en un imán para aquellos que quieren disfrutar de un agradable desayuno, un vermut energizante, una tarde de cerveceo o un picoteo a cualquier hora del día. De hecho, ofrecen servicio de cocina ininterrumpida, que alargarán hasta la medianoche cuando las restricciones sanitarias derivadas de la pandemia lo permitan.

Ya dentro del local, su interiorismo de inspiración vintage nos engaña para hacernos creer que todo estaba allí antes: las lámparas, las mesas de madera, las fotos antiguas de Sant Cugat, la mesa de billar en su rincón especial, etc. “A parte de algunos elementos que hemos conservado, todo es nuevo. Hemos buscado algunas piezas en anticuarios para darle, incluso, un carácter más retro que el que tenía, un aire que recuerda a los años 70-80”, reconoce Adrià. Hasta el letrero de “Bar Stop” de la fachada ha sido reproducido y pintado a mano por un artista.

La carta de toda la vida

La simplicidad manda en su propuesta gastronómica, que sigue la estela del antiguo Bar Stop pero que incorpora el buen saber hacer de otro de los locales que Adrià regenta en la ciudad, el Bar Rusiñol. “La oferta gastronómica es muy similar, aunque aquí la hemos ampliado”, apunta. Esto quiere decir que en la carta encontramos conservas para la hora del vermut, tapas, bocadillos y platos combinados, que funcionan igual de bien en un desayuno de tenedor o en una cena reparadora. Para acompañar, cervezas, vinos y cavas a copas.

Plato combinado bar stop

“Hacemos los clásicos del bar de toda la vida, pero bien elaborados”, añade Adrià. Y se nota. Las bravas no son congeladas, las pelan y las cortan a mano, y las aderezan con alioli y una salsa picante. Son conocidas, y los parroquianos que hay en la terraza no dejan de recomendárnoslas. También la ensaladilla rusa, que preparan sin guisantes; el pincho de tortilla de patatas, siempre casero; o las croquetas de pollo y curry, de rabo de toro, de setas… y de otros interesantes sabores.

Entre los bocadillos, no faltan los clásicos fríos y calientes que todos podemos esperar y algunos especiales, además de platos combinados no aptos para veganos. Una buena decisión es apostar por las hamburguesas, ligeras y gustosas. La de queso manchego, jamón serrano y trufa nos conquista. La carne de ternera proviene de la Carnicería Sagarra, otro negocio instalado en Sant Cugat desde 1960, que cría las terneras en su granja familiar de Castellterçol. “Proveedores locales siempre, en la medida de lo posible”, dice Adrià.

Ensaladilla

Los clientes habituales han vuelto, ansiosos de recuperar este bar que de alguna manera les hace sentir como en casa. Mientras que los nuevos clientes se acercan al local sin reparos, sabiendo que acertarán. Porque la tradición de nuestros “bares de toda la vida” nos dice que cuando leemos ese nombre, Bar Stop, solo tenemos la opción de hacer una cosa: parar un momento y disfrutar.

Fotos: Marta Becerra. 

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