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Mediterránea.   Kinita Restaurant & Beach Club.
Finca La Rosaleda, Camino al Camping Mar Menor, Los Alcáceres.(Murcia)

Kinita: de los mares del norte y del sur

Pachi Larrosa 06/05/2021
Acostado a orillas del Mar Menor murciano, Kinita Restaurant & Beach Club ofrece una cuidada cocina mediterránea con referencias vascas y toques creativos

Hay regalos de boda… y regalos de boda. El que hace décadas le hizo un madrileño a su esposa murciana con motivo de su matrimonio es de los que no caben en un paquete: una enorme finca -La Rosaleda- lindante con el Mar Menor,  rodeada de cañas y palmeras y con una elegante casa-torre de campo de más de 100 años de antigüedad fue ‘detallito’ del novio. Hoy, ocupada por un camping y un restaurante es uno de los lugares más atractivos para comer, cenar, tomarse unas copas y, cómo no, casarse, de las costas murcianas.

Terraza Kinita

Kinita Restaurante Beach Club forma parte del sueño de una familia de constructores y decoradores que han dejado su impronta en la cuidada y respetuosa restauración de la casona, convertida en un precioso restaurante repleto de diferentes espacios interiores y exteriores. Las cañas -omnipresentes en los alrededores, la madera y la piedra, los colores blanco y azul, este en todas sus tonalidades y la omnipotencia visual de la lámina de cristal del Mar Menor, con vistas a su otra orilla -La Manga- son los elementos que acompañan al comensal. 

Desayunos, comidas, cenas, actuaciones en directo, eventos, sombrillas y tumbonas sobre la arena y celebraciones de todo tipo, el lugar puede albergar hasta a 200 personas en sus diferentes espacios y ofrece hasta cinco reservados para reuniones de negocios o familiares. Y de sus cocinas, dirigidas por un joven pero experimentado Rubén Cortés –“del mismo Bilbao”- sale una cocina mediterránea basada en los productos de la zona –“todos nuestros principales proveedores son de por aquí”-con algunos toques asiáticos y detalles creativos: “Nos gusta mucho jugar con las texturas, utilizar las técnicas más contemporáneas sobre platos tradicionales”, explica Cortés. En definitiva, una cocina aparentemente sencilla pero muy elaborada y cuidada con mimo. Y así podemos comernos un insólito y sabroso arroz de conejo deshuesado, boletus y foie con mantequilla de trufa y hierbas provenzales; o antes, un exquisito croquetón de kimchi, aceite de sésamo y sardina ahumada para abrir boca.

Una carta ecléctica que pretende dar satisfacción a todos. En los entrantes, desde unas murcianas marineras a unas vizcaínas gildas (lo digo por el cocinero, no se me vaya a ofender ningún guipuzcoano), pasando por un variado de salazones del Mar Menor; una selección de conservas gourmet y un capítulo de suculentas ensaladas -espectacular la versión cosmopolita de la ensalada murciana: burrata, guacamole, dados de bonito, cebolla encurtida y tierra de aceituna-, abren los apetitos. Los terminan de estimular dos apartados dedicados a los entrantes fríos y calientes, de los que destacamos el pulpo a la brasa, pil pil de patata, corteza de bacalao y alioli suave de calabaza. En la zona de carnes, solomillos y entrecots de alta calidad, entre los que destaca uno de los platos más demandados: el cochinillo lechal deshuesado, cocinado a baja temperatura con ajo y romero y en la de pescados, productos del mar frescos.

Cochinillo lechal deshuesado

La carta se completa con media docena de arroces -curiosamente a la alicantina, es decir, secos, y no melosos como los murcianos, excepto el caldero del Mar Menor, que no podía faltar en semejante entorno, donde tradicionalmente lo hacían los pescadores sobre esas mismas arenas, y una selección de exquisitos postres. Un menú ejecutivo por 25 euros de martes a jueves a mediodía completa la oferta gastronómica del Kinita.

“Cuando nos ofrecieron la restauración y gestión del camping, abierto desde los 60 estaba todo en estado de ruina”, relata Joaquín Inglés, el gerente. “Por la casa habían pasado multitud de discotecas, pero cuando empezamos con las reformas nos dimos cuenta del potencial del lugar”. El proyecto salió adelante y se abrió en noviembre de 2019. Cuatro meses después, el gran golpe de la pandemia y la gestión de la incertidumbre ante las diferentes fases de las restricciones. Pero Kinita ha mantenido el rumbo y permanece abarloado a la orilla del tranquilo Mar Menor murciano.

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