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6 recetas fabulosas con un origen que te sorprenderá
Actualidad.

6 recetas fabulosas con un origen que te sorprenderá

Cristina Puig Soler 26/05/2020

El origen de muchas recetas, ya sea entrantes como platos principales, postres o acompañantes, es de lo más azaroso. Y es que el destino unas veces se tuerce y otras veces se torna delicioso. Acompáñanos en este salto en el tiempo para descubrirlo.

Seguramente alguna vez te hayas preguntado quién inventó el sabroso plato que te sirvieron no hace mucho en el restaurante, a quién se le ocurrió mezclar con tanta gracia los ingredientes de la receta que estás cocinando o desde cuándo se prepara aquel postre que esperas repetir en breve. La historia de la gastronomía está repleta de aventuras que acaban traduciéndose en sabores, texturas y aromas. Compruébalo en este recorrido por seis creaciones gastronómicas con un origen sorprendente que han llegado hasta nuestros días.  

Crema chantilly

Si hay un nombre que va ligado a esta exquisita crema elaborada con nata montada y azúcar y perfumada con vainilla ese es el del chef François Vatel. Este maitre francés del siglo XVII tiene la fama de haber inventado la crema chantilly durante la lujosa recepción que el príncipe de Condé ofreció a su primo Luis XIV en su espectacular castillo de Chantilly. Una recepción que acabó con el suicidio de Vatel, que no soportó la idea de no poder servir algunos de sus platos al no contar con todos los ingredientes. No obstante, se sabe que la crema que hoy conocemos como chantilly ya se preparaba un siglo antes, en época de Catalina de Médici, reina consorte de Francia, aunque sin azúcar.

Crema Chantilly

Gelatina

En aquella misma Francia del Rey Sol se perfeccionó la elaboración de otro invento gastronómico con una textura revolucionaria: la gelatina. Aunque los antiguos egipcios ya la elaboraban hirviendo restos de animales, fue el médico y chef Denis Papin quien mejoró la receta con ayuda de la ciencia. Papin, precursor de lo que hoy conocemos como gastronomía molecular, fue capaz de cocinar gelatina a partir de huesos de animales y jugo de carne gracias a la olla a presión que inventó. Con los siglos, esta sustancia viscosa se adentraría en el terreno de los postres para dar forma a creaciones tan sabrosas como la panna cotta. ¿Te animas a prepararla?

Gelatina

Brownie

Y hablando de dulces, ¿sabías que el brownie pudo ser fruto de un error culinario? Al menos eso cuenta el mito más extendido en torno al origen de este bizcocho de chocolate con nueces, crujiente por fuera y esponjoso por dentro, que tanto nos gusta. Se cuenta que una ama de casa estadounidense olvidó agregar levadura al pastel de chocolate que estaba preparando, y que, en lugar de tirar su “marroncito”, lo cortó y lo sirvió para deleite de sus comensales. Otras versiones cuentan que un chef volcó por error chocolate derretido a un lote de galletas, que un cocinero dio con la receta por falta de harina… Sea como fuera, es difícil resistirse a esta receta de Brownie Raw que puedes preparar con fruto secos en tu casa.

Brownie

Nachos

Topamos ahora con una receta surgida de otro apuro culinario sorteado con ingenio. Para conocer el origen de los nachos debemos trasladarnos hasta un pequeño restaurante de Piedras Negras, al norte de México, llamado El Moderno. En 1943, llegó hasta allí un grupo de mujeres justo cuando el local estaba a punto de echar el cierre y apenas tenía género. El chef se las apañó para prepararles una receta con lo poco que tenía: totopos (trozos crujientes de tortilla de maíz), queso, jocoque (similar al queso crema) y chiles jalapeños. Lo curioso es que el plato pasó a llamarse “nacho” por un malentendido: el mesero creyó que las clientas, maravilladas por aquel manjar, preguntaron por su nombre, Nacho, cuando en realidad, querían saber el nombre de la receta. Si a ti también te gusta la cocina mexicana, aprende a preparar estas recetas típicas de México.

Nachos

Carpaccio

Siete años después de la invención de los nachos, la gastronomía vio nacer otro plato fruto de un reto. Nos situamos en la Venecia de 1950, en el popular Harry’s Bar de la ciudad, donde una condesa, Amalia Nani Mocengo, a quien su doctor había prescrito comer carne cruda en vez de cocida, le pidió al chef, el famoso Giuseppe Cipriani, un plato a la altura de las circunstancias. Cipriani tuvo la genial idea de cortar un solomillo de buey en finísimas láminas y aderezarlo con aliños ácidos y queso parmesano Reggiano. Todo un acierto que su creador u otra persona (la historia no lo aclara) bautizó como carpaccio por el colorido del plato, que le recordó a las tonalidades empleadas por Vittore Carpaccio, pintor del siglo XV. ¿Será por el intenso rojo de sus telas?  

Carpaccio de carne con rúcula y parmesano

Ensalada Waldorf

Terminamos este recorrido por la historia de algunas de las recetas más ricas, por qué no, con un entrante, una ensalada creada especialmente para dar la bienvenida a la primavera. ¡Qué manera tan sabrosa de hacerlo! ¿no crees? Bautizada con el nombre del hotel que la vio nacer, el glamuroso Waldorf Astoria de Nueva York, la ensalada original contaba solo con tres ingredientes: manzana, apio y mayonesa. El éxito fue tal que la ensalda Waldorf se introdujo en la carta del restaurante, que la ofrecía por solo 10 centavos. Hoy día podemos prepararla con muchos otros ingredientes, pero siempre con manzana.

Ensalada  Waldorf

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