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Piu di Prima
Italiana. Piu di Prima.
Paseo Marqués de Zafra, 5 Madrid.(Madrid) Tel: 917 650b183

Piu di Prima, una casa con historia

Carlos Maribona07/08/2017
En su nueva ubicación, este restaurante ha ajustado sus precios pero sigue ofreciendo buenas pastas caseras y algunos "antipasti" atractivos.

La historia de este restaurante italiano es larga. Lo abrió en 2004, en la céntrica calle de Hortaleza, Angelo di Salvo, peculiar y extrovertido personaje que logró durante unos años convertir todos sus establecimientos en lugares de moda. Curiosamente los nombres de los restaurantes de Di Salvo  se inspiraban en aquella célebre canción de Doménico Modugno: "Come prima, piu di prima, t'ameró; la mia vita, per la vita, te daró...".

Primero fue Come Prima, en la calle Echegaray, que a finales de los años 90 y comienzos de este siglo fue considerada con razón como una de las mejores trattorías italianas de la capital. Luego llegaría este Piu di Prima, donde, en sus comienzos, no se comía nada mal. Más tarde, en 2009, Di Salvo lo traspasó a otro italiano, Gianluca Faverio, para abrir T'Ameró en la calle de Serrano, un sitio más a la moda al que la crisis se llevó por delante un par de años más tarde.

Gianluca Faverio, mucho más serio en sus planteamientos, apostó con fuerza por una cocina de calidad, con una oferta más cuidada a partir de una materia prima de la máxima calidad. Sin embargo, otra vez la crisis, el buen proyecto de Faverio no acabó de cuajar y el restaurante pasó luego por diversas manos hasta su cierre a comienzos de 2016. La última propietaria, Teresa Santillana, con el apoyo de otros socios, reabrió hace unos meses Piu di Prima, pero con un concepto completamente distinto. Y con un cambio radical de ubicación.

De la parte noble de la calle Hortaleza a la avenida del Marqués de Zafra, a un paso de la plaza de Manuel Becerra, una zona mucho más "popular" y con menos glamour. Y en un local muy alejado del encanto del primero. De ser uno de los restaurantes italianos más lujosos de Madrid ha pasado a convertirse en un italiano "de barrio", sin que en ningún caso este término pretenda ser despectivo. Simplemente refleja la realidad de lo que ahora es un planteamiento mucho más modesto en un espacio que, salvo lo luminosos que son los dos comedores, dotados de grandes cristaleras, resulta un tanto desangelado y poco acogedor a causa sobre todo de la larga barra a modo de pasillo que lleva desde la entrada hasta las mesas.

Lo mismo que ocurre con el nuevo espacio, la carta es más breve y modesta que la que recordamos en la anterior etapa. Como punto a favor, unos precios sensiblemente más contenidos, que permiten comer por una cantidad más que razonable. Al frente de la cocina está un chef italiano, Stefano Franzin, que ya estuvo en Piu di Prima en diferentes momentos de su etapa anterior y que también pasó una temporada en el grupo Oter.

Cocinero con experiencia pero con una cierta irregularidad en algunos platos. Entre las entradas (antipasti), aceptable el vitello tonnato, que mejoraría con una mayor cantidad de salsa. Está buena la burrata, un producto inevitable ya en la carta de cualquier restaurante italiano. La de esta casa procede de Puglia y se acompaña con tomate y rúcula. Ya en la mesa, se aliña con pimienta y aceite de oliva al gusto del cliente. Resultan notables las tradicionales berenjenas a la parmesana , bien gratinadas.

Todas las pastas son caseras. Hay algunas rellenas como el raviolone con yema de huevo, parmesano y espinacas, especialidad de la casa, o unos raviolini al foie gras carentes de interés, pero preferimos las más sencillas, que resultan mejores:  espaguetis negros con sepia y langostinos; penne a la arrabiatt,a o la lasaña clásica a la boloñesa.

En la carta hay dos risottos. En uno de ellos se indica que ha sido elegido entre los ocho mejores del mundo por una guía. Con "galletto" (pollo picantón) y tomate. Cuando lo probamos no debía ser el mejor día del cocinero. En lugar del arroz cremoso que esperábamos encontrar nos llegó uno mal ligado, casi caldoso, con tomates cherry y trozos de un pollo totalmente insípido. Una decepción de la que sólo se salvaba el fondo, este sí muy sabroso. Entre las carnes, destaca la "orecchiona", una gran milanesa de ternera adecuada, por su tamaño, para compartir entre dos personas.

Buenos postres, entre los que sobresale un tiramisú al estilo de Venecia, francamente bueno. Otras opciones son la tarta de manzana con helado de vainilla o el "tortino" de chocolate con helado de dulce de leche. Para beber, una carta de vinos breve que cuenta con algunas referencias italianas de interés.

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